Entrevista Alejo Avello, ingeniero industrial

Alejo Avello
Alejo Avello

Alejo Avello es Dr. ingeniero Industrial y profesor Ordinario de Ingeniería Mecánica de Tecnun, Campus de la Escuela Superior de Ingeniería de  la Universidad de Navarra, de la que también fue Decano.
Por otro lado, realiza investigaciones en Robótica en el Centro de Estudios e Investigaciones Tecnológicas de Guipúzcoa creado en su día por Tecnun, donde Alejo Avello ha ejercido como Director General del Centro durante los últimos diecisiete años, con 245 investigadores en la actualidad. Además, ha constituido compañías tecnológicas spin-offs empleando a más de 300 personas con perfiles de alto valor añadido.

  1. ¿Cómo describiría el escenario actual de desarrollo de la Industria 4.0 en el mundo? ¿Y en España?

A nivel mundial, la industria está cambiando con rapidez por efecto de tres fuerzas principales: primero, por la imparable mejora de la electrónica y del software; segundo, como consecuencia del enorme número de ingenieros que se incorporan a ella; y, tercero, como resultado de las grandes sumas de dinero invertidas en I+D por los estados y las empresas. Todo ello da lugar a una avalancha de innovaciones en todas las áreas de la industria. Entre ellas, las relacionadas con la Industria 4.0 tienen un peso muy especial. No conocemos por completo el alcance y la profundidad de las transformaciones internas de las fábricas, ya que los fabricantes no las comparten para preservar su ventaja competitiva. De todas ellas, yo destacaría el papel transformador de Internet. Con la agilidad que permite en la compra y la visibilidad que da a los productos, ha revolucionado completamente el sector de bienes de consumo y también ejerce un poderoso efecto sobre la industria.

No obstante, el entusiasmo creado por el término Industria 4.0 no siempre es compartido por la industria, que generalmente basa sus decisiones en criterios técnicos y económicos conservadores. Especialmente en las pymes, algunos conceptos de Industria 4.0 como las redes de sensores, el análisis masivo de datos o la robotización, se ven como algo lejano, más propio de las presentaciones académicas que del día a día de la fábrica.

España no es una excepción a esta tendencia. Algunas industrias españolas disponen ya de grados de automatización y sensorización muy altos, y se plantean el reto de sacar partido de la enorme cantidad de datos que registran sus sensores. La mayoría de las pymes no se ven a sí mismas incorporando tecnologías de forma masiva, sino que se ven luchando en una o dos de tecnologías, en las que ven mayor potencial para mejorar su competitividad. Las que no lo hacen, probablemente no durarán mucho en el mercado.

  1. Teniendo en cuenta su experiencia como investigador, en concreto en robótica en el centro Ceit-IK4, ¿cuáles diría que son los principales beneficios de incorporar cada vez más esta nueva tecnología en las empresas?

Los principales beneficios de la robotización son la mejora de la competitividad y de la productividad. La primera, permite ofrecer productos atractivos, de un nivel similar o superior al de la competencia. La segunda, hace que se puedan ofrecer a buen precio. En definitiva, no se trata de hacer nada diferente de lo que todas las empresas han hecho siempre: competir para poder vender.

Los tiempos están cambiando rápido. Ha pasado ya la época en que una posición competitiva podía mantenerse durante años haciendo lo mismo de forma eficiente. Hoy día, la facilidad para comparar productos y comprarlos ha establecido unas nuevas reglas de juego, y cada vez lo hará más. No se puede decir que la robótica sea una nueva tecnología, pues algunos sectores, como el de automoción, hace décadas que implantaron los robots en las fábricas. Quizá la novedad actual estriba en que los precios han bajado, la oferta ha crecido y el software ha mejorado, de forma que la inversión en un robot se ha vuelto más asequible.

¿Construcción 4.0?

  1. ¿En qué industrias cree usted que estos robots juegan un papel más importante actualmente? ¿Y en el futuro?

El caso más paradigmático del uso de robots en la industria es la fabricación de automóviles. Hace décadas se produjo su masiva incorporación en líneas de montaje perfectamente sincronizadas que producen coches de altísima calidad en tiempos muy cortos. Después de la automoción, los sectores más robotizados son la electrónica y el metal.

Normalmente, por robot industrial se entiende el brazo manipulador que realiza labores de soldadura, pintura, montaje o posicionamiento. Sin embargo, en los ámbitos académicos la robótica engloba también los vehículos autónomos, la inteligencia artificial y otras disciplinas como la modelización, simulación y control.

Creo que en el futuro no solo veremos un mayor número de brazos manipuladores, sino también la progresiva generalización de vehículos autónomos de todo tipo. También en el sector médico y farmacéutico se irán añadiendo nuevos equipos de diagnóstico automatizado, terapia, análisis, cirugía y rehabilitación. Por último, creo que algún día se harán realidad los robots en el entorno asistencial, del que tan necesitados estaremos en el futuro por el envejecimiento de la población. Estos robots podrán ayudarnos en algunas tareas, pero no servirán para solucionar la soledad, ese tremendo problema de los países desarrollados. La tecnología tiene límites. Pienso que una máquina, por perfecta que sea, nunca podrá sustituir la relación entre personas, porque la necesidad tan humana de querer y ser queridos sólo puede darse entre personas.

  1. En su opinión, ¿qué otras tecnologías considera determinantes en este nueva era 4.0?

Todas las tecnologías, incluso las más convencionales, están experimentando mejoras constantes. Aunque no reciben la misma atención de los medios, los avances son tremendos. Por ejemplo, las chapas de los coches de hoy en día no tienen nada que ver con las de hace veinte años. Las mejoras en la producción de acero han sido constantes. Hoy producimos acero con menores consumos de energía y con mayor resistencia, lo que ha permitido que nuestros coches sean, al mismo tiempo, mucho más ligeros y mucho más seguros.

Desde el desarrollo de las comunicaciones, que hicieron posible internet, el mundo se ha acelerado. No dudo de que las comunicaciones seguirán desempeñando un papel fundamental, pero todas las tecnologías están interrelacionadas: unos avances hacen posibles otros. Por ejemplo, las comunicaciones necesitan materiales y electrónica, tanto como software e inversión pública. Cada uno de esos campos se apoya en un conocimiento que nos proporciona la ciencia a través de la investigación. Pero ésta, a su vez, necesita de las comunicaciones para divulgar sus conocimientos y poder avanzar. En definitiva, creo que será la interrelación entre todas las tecnologías y la capacidad de divulgarlas instantáneamente quienes serán determinantes en el futuro.

  1. Considerando su papel académico en la Universidad de Navarra, ¿cómo cree que se está adaptando la educación a la imperiosa necesidad de ingenieros digitales?

Creo que el proceso seguido por mi universidad ha sido similar, quizá con algún año de adelanto, sobre el que se ha producido en el resto de las universidades españolas. A comienzos de los años 90, nuestra escuela introdujo los PCs para los alumnos, lo que permitió la implantación de programas de cálculo y diseño. El cambio fue enorme. Los alumnos comenzaron a contar con una dirección de correo electrónico con la que podían comunicarse entre sí y con los profesores, y comenzaron a emplear programas de cálculo y diseño que hasta entonces estaban en manos de especialistas en las empresas. Luego llegó la página web y los gestores de contenidos de cada asignatura. El paso final fue la llegada de Internet a las casas y, sobre todo, los teléfonos inteligentes con el que nuestros alumnos han crecido desde pequeños. Por tanto, no es difícil educar ingenieros digitales cuando los alumnos que ingresan son ya digitales. El mayor reto reside en cambiar la mentalidad de los profesores, para aprovechar aquello que tiene de bueno el mundo digital.

No obstante, he conocido un buen número de fracasos digitales en la educación, causados por una falta de comprensión del proceso de aprendizaje. En este terreno, considero que solo es interesante aquello que realmente ayuda a los alumnos a comprender los conceptos. Y en esto, a veces las apariencias engañan. Es fácil dejarse atrapar por lo nuevo, por la última moda. Aunque personalmente soy un amante de lo digital, también soy un defensor de la pizarra tradicional, no como único método didáctico, pero sí como método prioritario de transmitir los conceptos fundamentales.

  1. ¿Cómo debería ser el ingeniero 4.0?

En primer lugar, el ingeniero 4.0 deberá ser un buen ingeniero. Aunque parece una obviedad, un ingeniero solo puede aplicar aquello que conoce, lo que nos remite de nuevo a la importancia de adquirir conocimientos fundamentales. Podemos caer en la tentación de pensar que ahora los conocimientos son menos importantes que antes, porque la búsqueda de información en internet suplirá nuestra ignorancia. No es así. A quien no sabe, toda la información le parece igual, porque carece de criterio, lo que le impide distinguir lo útil de lo inútil, lo bueno de lo malo.

Junto con una sólida formación técnica y fundamental, el ingeniero de hoy deberá saber algo de programación, electrónica y análisis de datos. En todo caso, sería un error poner más énfasis en lo propio de la Industria 4.0 que en los conceptos fundamentales de la ingeniería. A los estudiantes actuales probablemente les aguarde una vida profesional de 45 años o más. A lo largo de tanto tiempo, cambiarán muchas cosas, por lo que cada uno deberán seguir estudiando para no quedarse atrás. Sin embargo, las materias fundamentales como las matemáticas, física, mecánica, electricidad, etc., permanecerán siempre. Por ello, considero que invertir tiempo en estudiar lo imperecedero es, a largo plazo, una inversión mucho más rentable que centrarse en la última moda. Dicho esto, sería tonto no reconocer que a los alumnos les interesa hacerse atractivos para las empresas de hoy. Para ello, considero que el mejor camino es especializarse a través de prácticas, de los trabajos fin de grado y fin de master, mediante colaboraciones con departamentos, etc.

Seis pilares de la Cuarta Revolución Industrial en automoción.

  1. ¿Qué considera que podrían mejorar las instituciones públicas para impulsar el proceso de transformación digital de la industria española?

Lo primero, deberían reconocer la importancia de la industria en la economía española. En los últimos años, en España hay una tendencia sostenida de la industria a perder peso en el PIB, reduciendo cada vez más su contribución frente a otros sectores. Esto puede deberse a un conjunto de factores, pero uno de ellos es sin duda la falta de una política industrial coherente y sostenida. Uno de los signos del respaldo público a la industria es la inversión en I+D. Por desgracia, en España nos encontramos a la cola de los países europeos en este aspecto, y lo que es peor, en los últimos años no ha hecho más que empeorar. La financiación de la investigación en España es francamente pobre a nivel global. Basta con fijarse en otros países para comprobar que las apuestas son de otra magnitud, y que crecen año tras año tanto en términos absolutos como relativos. Las universidades y centros de investigación son creadores de tecnología, atraen talento y lo transfieren a las empresas. Con la férrea normativa comunitaria que impide a los estados ayudar directamente a las empresas, invertir en investigación es un camino de probada eficacia.

Como es lógico, las instituciones deben velar por que la industria cuente con buenas condiciones para instalarse en España: suelo, infraestructuras, tributación, precio de la energía, financiación, etc. La digitalización es un factor más de los anteriores, que ha llegado ya de una forma u otra a todas las empresas. Quizá algunos sectores pueden mejorar aún más su competitividad incrementando el grado de digitalización, pero probablemente esta no se producirá hasta que se incorporen a las empresas personas jóvenes bien preparadas y alcancen puestos de responsabilidad. Para ello, la industria debe gozar primero de una salud aceptable y debe poder crecer.

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